TANV y la familia

Que el valor de la familia es un valor siempre positivo y en alza, nadie lo pone en duda, que a su vez es un lugar de refugio ante la adversidad…, ¡tampoco!, pero sin embargo cuando la familia (en general) se enfrenta a la discapacidad o el trastorno, el día a día de los afectados puede llegar a ser de autentica tragedia. Sobre todo cuando se desconoce su nombre y por tanto como afrontar esa discapacidad o ese trastorno.

Una vez que “conocemos el nombre” del “sujeto en cuestión”, la situación familiar “cambia”, la tensión suele reducirse considerablemente, pero es evidente que la dificultad está ahí.

Lo que si es claro y evidente que las familias con algún miembro con TANV suelen atravesar diversas etapas. Y en esas primera etapas el retraso psicomotor puede ser lo que haga saltar las alarmas. Alarmas que se pueden diluir debido a la precocidad del lenguaje o de la lectura, que por paradojas de la vida, es otro signo de desajuste en el desarrollo de las funciones y habilidades correspondientes.

Más adelante, será las relaciones sociales o el bajo rendimiento académico, quienes irán dejando esas “señales claras” de la existencia del TANV. Todo esto son señales inequívocas de que algo no funciona bien.

Pero por desgracia, estas señales pueden llevar a la familia a vivir situaciones de discrepancias entre los padres, sentimientos de culpabilidad, reproches a la hora de educar al hijo o los hijos, en definitiva puede ser el causante de crisis en la pareja que desencadene en separaciones e incluso divorcios. ¡Un autentico drama familiar!

Todo lo anterior se verá acrecentado, si nuestro hija o hijo, no esta identificado como TANV, o sufre un diagnostico parcial del trastorno, o incluso es confundido con otro.


septiembre 2017
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